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PREVENCIÓN Y LUCHA CONTRA LOS MALOS TRATOS

 

Los malos tratos son un fenómeno complejo que responde a numerosos factores psicológicos, emocionales, culturales y sociales. Conocer estos factores ayuda a entender el problema y a encontrar soluciones. Prevención

Prevención activa

Tipos de malos tratos

Los agresores

 

 

 

 

 

Prevención

La mejor forma de evitar los malos tratos es prevenirlos.

En el ámbito familiar: Los niños que han sido maltratados en su familia pueden resultar maltratadores en su vida adulta. Así mismo, aquellos que hayan vivido en una familia en la que ha habido malos tratos entre sus padres. Estos niños también pueden convertirse en adultos víctimas de malos tratos, ya que pueden percibir como "normal" la violencia en pareja, y ser más tolerantes al respecto.

En el ámbito educativo: es importante que los niños y adolescentes reciban una educación no sexista, en la que no perciban a chicos y chicas como a dos bandos enfrentados, y en la que se valore a cada persona en función de su comportamiento, independientemente de su sexo.

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Prevención activa

Las mujeres resultan ser las más afectadas por los malos tratos en su vida de pareja. Por ello deben también convertirse en las principales interesadas en prevenirlos. Es importante darse cuenta de que raramente los malos tratos graves aparecen de improviso tras años de convivencia.

El germen de los malos tratos encontrarse en las etapas más tempranas de la relación de pareja. Aunque cuando un chico y una chica comienzan a relacionarse afectivamente ambos tratan de mostrarse agradables, atentos y cariñosos, pronto pueden aparecer signos de una potencial conducta de malos tratos futuros.

El carácter violento o intolerante; la excesiva posesividad o los celos exacerbados; la tendencia a controlar al otro o a no admitir su autonomía son señales de alarma que deben ser valoradas y atajadas a tiempo.

La primera y más importante barrera contra los malos tratos pueden levantarla las propias mujeres en esas etapas iniciales de una relación de pareja. Ante el primer intento de imposición, ante el primer grito, ante el más leve insulto, la mujer debe actuar con energía y firmeza. Su actuación en esa ocasión debe ser clara y contundente: debe hacer saber a su incipiente pareja que no está dispuesta en modo alguno a permitir imposiciones, gritos o insultos, y que de volverse a producir, ese será el momento en que la relación quedará definitivamente rota. Una vez hecho esto, tiene que estar decidida a cumplirlo. Y si de nuevo recibe otra imposición, grito o insulto cortar absolutamente con su pareja. Aunque se sienta muy enamorada en ese momento, si no lo hace, estará dando vía libre para la arbitraria acción de un futuro maltratador.

Si esta postura fuera mantenida por la mayoría de las mujeres, puede afirmarse casi con seguridad que los malos tratos desaparecerían por completo, ya que los potenciales maltratadores tendrían que escoger entre modificar su actitud o quedarse sin pareja para siempre. No puede existir agresor alguno si no dispone de una víctima a su alcance.

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Tipos de malos tratos

Dentro de lo que consideramos "malos tratos" existen numerosas variedades. Prohibiciones, amenazas, insultos, gritos, empujones, zarandeos, bofetadas, palizas, incluso agresiones con armas, que con demasiada frecuencia acaban con la vida de la víctima.

Para simplificar podríamos dividirlos en cuatro tipos: psicológicos, sexuales, físicos y criminales.

Los malos tratos psicológicos no se limitan a las coacciones, amenazas, gritos, humillaciones e insultos. Pueden ser muy sutiles, e incluyen actitudes despectivas o sarcásticas, alusiones a las características personales del otro, o a sus familiares y amigos. En general contribuyen a ir minando la autoestima de la víctima, y hacerle sentirse inferior, con lo que puede llegar a creer que las humillaciones que recibe pueden estar justificadas.

Hay que señalar que, a diferencia de los otros tipos de malos tratos, los psicológicos pueden ser ejercidos por hombres y mujeres casi por igual. La principal diferencia consiste en que los hombres suelen disponer además del recurso a una mayor fuerza física para "apoyar" sus malos tratos psicológicos.

Se consideran malos tratos sexuales a las presiones, coacciones, amenazas, etc. que conduce a la realización de actos sexuales no deseados por la víctima. Aunque la sexualidad es una parte esencial de las relaciones de pareja, nunca está legitimada la imposición de actos sexuales a otra persona, aunque se trate del cónyuge. Sin embargo, este tipo de malos tratos es especialmente delicado, y no deben confundirse con  conductas de tipo persuasivo que pretenden lograr la aceptación de relaciones sexuales, pero sin mediar violencia física o amenazas.

Los malos tratos físicos son protagonizados en mucha mayor proporción por hombres sobre mujeres. El agresor recurre a la violencia física para conseguir que su víctima se pliegue a sus deseos, o para "castigar" sus "faltas". La frecuencia e intensidad de los malos tratos físicos puede variar mucho de unos casos a otros, pero tiende a seguir una línea ascendente, ya que el agresor, a medida que su violencia sirve para conseguir sus fines, obtiene un refuerzo psicológico para continuar empleando ese método.

Muchas personas, especialmente mujeres, sufren durante muchos años una vida de pareja con agresiones físicas. Sintiéndose inferiores, inútiles, y en muchos casos sin autonomía económica, sufren con angustia una situación que no termina nunca.

Podríamos llamar malos tratos criminales a aquellos en los que el agresor, con sus manos o mediante cualquier arma, produce lesiones graves, o incluso la muerte a su víctima. Estos actos son más frecuentes cuando la pareja se encuentra en un proceso de ruptura o separación. Es decir: cuando el agresor descubre que su víctima habitual está a punto de escapar de su control.

Generalmente los agresores que llegan a estos extremos han inflingido a sus víctimas malos tratos psicológicos o físicos durante largo tiempo. Como un enfermo crónico que ve que su medicamento no le hace efecto, y por ello aumenta la dosis, así el maltratador habitual, al ver que pese a todo su víctima va a escapar, aumenta "la dosis" de violencia, con la esperanza de evitar que ésta renuncie a su propósito. Es por ello que los procesos de separación en los que se halla implicado un maltratador habitual son especialmente delicados y peligrosos. Los legisladores y los servicios sociales deberían establecer mecanismos especiales para estas situaciones.

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Los agresores

La creciente sensibilización social sobre los malos tratos en el ámbito familiar y de pareja hace que se ponga el acento sobre la situación de las víctimas, cómo ayudarles y como evitar que sigan sufriendo agresiones. Esto es bastante lógico, ya que resulta prioritario ocuparse de la parte más perjudicada en estas situaciones.

Sin embargo, tienden a dejarse de lado las actuaciones y ayudas referidas a los propios agresores. Y si bien sería demasiado aventurado calificar a estos de "enfermos", si que parece evidente que padecen ciertas limitaciones respecto a su capacidad de mantener relaciones personales maduras y respetuosas. Como ya se dijo más arriba, en muchas ocasiones han crecido en un ambiente familiar en el que han existido malos tratos entre sus padres, o en el que ellos mismos los han sufrido.

Por otra parte, nuestra sociedad sigue manteniendo notables componentes machistas, que se traducen en actitudes y comportamientos generales que se muestran en la vida cotidiana, tanto de hombres como de mujeres (hay que resaltar que las madres juegan un importante papel en la perpetuación intergeneracional de esas actitudes y conductas machistas). En este contexto muchos hombres perciben como "natural" una cierta superioridad respecto a las mujeres. De esto a asumir que en una pareja la mujer debe estar subordinada al hombre no hay más que un paso.

También contribuye a este caldo de cultivo social que da lugar a los malos tratos una concepción de la pareja en términos de posesión. Decir "mi mujer", o "mi marido" puede ser una expresión inocua, como cuando decimos "mi pueblo" o "mi oficina". En ese caso no implica posesión, sino una relación especial. Pero también puede emplearse ese posesivo como cuando se dice "mi coche" o incluso "mi perro". La misma palabra puede entenderse de distinta manera por unas personas u otras. En todo caso, la concepción de la pareja en términos de posesión dificulta el respeto por la legítima autonomía de cada uno de sus miembros.

Los rápidos cambios sociales que se han venido produciendo en las últimas décadas, especialmente en lo relativo a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y a la incorporación de gran número de mujeres al mundo laboral y profesional, también puede hacer que muchos hombres se encuentren algo "perdidos" en un mundo que ha cambiado ante sus narices, sin que nadie les haya pedido permiso.

La tendencia a creer que nadie debe entrometerse en los asuntos de pareja. Que este aspecto pertenece a la intimidad más exclusiva de las personas, permite un alto grado de impunidad para los agresores. No es raro que incluso la propia familia de la persona agredida recomiende a ésta que tenga resignación y que trate de "no dar motivos" para sufrir malos tratos.

Por último, el hecho biológico de que, en términos generales, los hombres estén dotados de una mayor corpulencia y de una fuerza física superior, es el atributo final que facilita las agresiones físicas. Esto no impide, sin embargo, que muchos hombres agredan a sus mujeres pese a ser ellas más fuertes físicamente.

Tanto hombres como mujeres aplican malos tratos a sus parejas. En nuestra opinión es un error contemplar el problema desde una perspectiva de hombres agresores contra mujeres víctimas. Hacerlo así no contribuye a avanzar hacia la igualdad plena entre unos y otras, hacia la concepción de todo ser humano como persona única e irrepetible, independientemente de su sexo. Los datos estadísticos reflejan, sin embargo, un desequilibrio entre el número de agresores y de agresoras. Pero es erróneo deducir una causa-efecto de ello. Hombre no significa agresor (ni siquiera agresor potencial). Y mujer no significa necesariamente víctima. En la mente de todos hay mujeres que por su personalidad o su posición social nos resulta difícil imaginar que cualquier hombre pudiera atreverse a intentar maltratar.

Tenemos así como una infancia en un ambiente de violencia, el componente machista que permanece en la sociedad, la concepción de la pareja en términos de posesión, la masiva incorporación de la mujer al mundo laboral, la tolerancia hacia la "intimidad" de las parejas, y los aspectos meramente físicos, suponen unos factores que en determinadas personas pueden dar lugar al recurso a los malos tratos para perpetuar una posición dominante en el seno de las parejas

 

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