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Construir una pareja es muy similar a edificar una vivienda. Se necesitan un
plano bien diseñado, unos cimientos sólidos y unos materiales de calidad.
Sin embargo, son muchas las parejas que se construyen sin planos,
directamente sobre el terreno y con materiales improvisados.
Si bien una pareja puede fracasar por muchas
causas imprevisibles, el origen de la mayor parte de los fracasos hay que
buscarlos en la fase inicial de la construcción
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Antes de formarse la pareja suele haber
demasiadas promesas y muy poca negociación.
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Las promesas de enamorados son tan vacías como
el viento: nadie sabe hacia donde soplará el mes próximo.
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Los asuntos de dinero, de trabajo, de tareas
domésticas de educación de los hijos hay que negociarlos antes para evitar
sorpresas cuando ya es demasiado tarde.
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Una pareja que comienza es una aventura de
dos. Es bueno que las respectivas familias estén cerca, pero no encima.
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Para agradar a la persona amada mostramos lo
mejor de nosotros mismos. Lo malo es que también solemos ocultar lo menos
bueno. Si no queremos que el otro se sienta defraudado más adelante, es
mejor que nos conozca tal y como somos.
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Para todo hay una "primera vez". Los insultos
comienzan con una simple falta de respeto consentida; las agresiones
físicas con un "empujón" tolerado.
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Una pareja siempre está formada por dos
individuos. Las renuncias personales excesivas son el mejor camino para
acabar siendo simplemente "la sombra" del otro.
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Todos llevamos dentro a un "pequeño egoísta".
Para que ese egoísta se haga "enorme" hace falta alguien que lo consienta.
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A veces un detalle altruista es tomado al
principio como una muestra de cariño. Después como una sana costumbre. Más
tarde como una obligación imperiosa.
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Lo que no se habla con claridad, se entiende
con dificultad. Puede que nos gustara que nuestra pareja supiera nuestras
preocupaciones y deseos sin tener que decírselo. Pero no todo el mundo
puede ser adivino.
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