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Se suele entender una discusión en términos muy similares a una guerra. Se
emplean incluso las mismas palabras para referirse a una y a otra: "mantener
las posiciones", "atacar", "defenderse", "rendirse", "ganar", "acorralar".
Sin embargo, hay otra manera de entender una discusión: en términos
constructivos. Como una creación en la que dos partes aportan distintos
elementos y ambas contribuyen al resultado final.
He aquí algunas recomendaciones para una
discusión constructiva: |
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Discutir cada punto en conflicto
separadamente. No mezclar unos temas con otros.
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Empezar a negociar los puntos menos
conflictivos. A medida que se logren acuerdos sobre puntos menores se
facilita el camino para abordar los más espinosos.
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Pensar que, normalmente, nadie tiene toda la
razón.
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Escuchar atentamente lo que dice el otro.
Ceñirse a lo que dice. No "imaginar" lo que ha querido decir.
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Evitar levantar la voz. Hablar con claridad y
sin agresividad. No tiene más razón el que más grita.
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Evitar las alusiones al pasado, los reproches
y los comentarios y gestos irónicos o despectivos.
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No mezclar en la discusión a terceras
personas.
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Asegurarnos de que hemos interpretado
correctamente lo dicho. Comprobarlo repitiéndolo y preguntando si es
correcto.
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No dar por supuesto que el otro ha entendido
correctamente lo que hemos dicho. Resumir nuestra posición, destacando lo
esencial.
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Cuando tenemos dudas de lo que pretende el
otro, preguntarlo abiertamente. Las preguntas concretas permiten
respuestas sencillas.
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A diferencia de una pelea, en una discusión
hay que negociar. Tenemos que estar dispuestos a ceder en algo. Si
pretendemos una victoria aplastante, aumentaremos la resistencia del otro.
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Cuando se llega a algún acuerdo sobre un
punto, reflejarlo por escrito. No volver a discutir sobre ese punto.
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